Buenos Aires posee un patrimonio arquitectónico desconcertante y sugestivo. Las múltiples fuentes de inspiración y la tendencia local a la reelaboración consolidaron en los dos últimos siglos una herencia artística vasta y ecléctica. Este blog pretende mostrar a través de fotografías algunos de esos detalles que suelen escaparse a quien camina sin mirar por donde pasa.

jueves, 17 de febrero de 2011

Monumento a Eduardo Costa Ituarte


El monumento a Eduardo Costa se encuentra en la Plaza Almirante Gonzalez Fernandez, en el barrio de Palermo.

Eduardo Costa Ituarte cursó todos sus estudios en Buenos Aires, y en la Facultad de Derecho -- durante la llamada época obscurantista de Rosas -- adquirió sólida cultura jurídica y el título de Abogado el año 1848. Tras el albor alborotado de Caseros, comienza la carrera honorífica del joven doctor; en el foro, la cátedra, la magistratura, el parlamento, la diplomacia, y los gabinetes del Poder Ejecutivo.

Fue Ministro de Justicia e Instrucción Pública de Mitre, de Relaciones Exteriores de Pellegrini, otra vez de Justicia e Instrucción Pública y luego del Interior de Luis Sáenz Peña. Había actuado como Interventor Nacional en Santa Fé, en 1868, al tiempo en que Federico Ibarguren presidía el Superior Tribunal santafesino; y éste sucedió a dicho Interventor como Gobernador interino de la provincia. Finalmente el Dr. Costa ocupó, por largos años, la Procuración General de la Nación.

Jurisconsulto, hombre de mundo y de gobierno, mitrista decidido, solterón, epicúreo y sibarita, don Eduardo -- cual lo pinta con gracia Octavio Amadeo -- "escribía con la misma conciencia el trabajo jurídico y el menú; el buen menú que lleva la paz a los estómagos y, tal vez, a los espíritus". Las tenidas gastronómicas organizadas por él -- en su quinta de San Isidro y su casa de la calle Reconquista -- fueron memorables. Alrededor de su mesa, junto a políticos, literatos y artistas, asistían, infaltables, sus íntimos amigos Santiago Calzadilla, Manuel Tobal, Prilidiano Pueyrredón, "el rengo" Nicanor Albarellos, y otros comensales destacados por el ingenio y el apetito.

"Eduardo Costa -- transcribo esta aguda observación de Octavio Amadeo -- perteneció a ese tipo de hombres que tienden a desaparecer; el hombre liberal del dilettantismo elegante, de la tolerancia y la duda, florecido en las épocas tranquilas que, después de la catástrofe, se sienta como convaleciente a tomar el sol ... y es aplastado, cuando llega la revolución, por otros hombres de rebelión y de combate, que han vegetado incomprendidos en la bonanza, o por hábiles políticos mimetistas, los Talleyrand, y los Fouché de los acomodos".

Un cáncer al hígado lo transfirió a Eduardo Costa a la eterna abstinencia del cementerio el 13-VII-1897, a los 74 años de edad.

Sus amigos le levantaron una estatua de mármol entre los árboles y las flores de Palermo. Al inaugurar el monumento, en 1902, hablaron Mitre y Roca, éste Presidente de la República, a la sazón.

Fuente: Carlos F. Ibarguren Aguirre.


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