Buenos Aires posee un patrimonio arquitectónico desconcertante y sugestivo. Las múltiples fuentes de inspiración y la tendencia local a la reelaboración consolidaron en los dos últimos siglos una herencia artística vasta y ecléctica. Este blog pretende mostrar a través de fotografías algunos de esos detalles que suelen escaparse a quien camina sin mirar por donde pasa.
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sábado, 3 de diciembre de 2011

Colegio San José




Luego de la caída de Rosas (1852), la Argentina, tanto tiempo cerrada al europeo, se dio a fomentar la inmigración, en especial de vasco-bearneses pirenáicos. Con ese objeto, el Gral Urquiza ofreció generosas ventajas a las familias que se radicaran en el país. La Constitución de 1853 declara que el “Gobierno Argentino no podrá restringir la entrada de extranjeros que traigan por objeto trabajar la tierra, fomentar las industrias y enseñar las letras”. Muy eficaz salió la propaganda: acudieron millares de inmigrantes para brindar sus brazos a la prosperidad del país y se esparcieron por los dilatados campos de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo llegó un día en que los vasco-bearneses, gente arraigada en su fe cristiana, se negaron a embarcarse ante el peligro de perder su alma, por la carencia de iglesias y de sacerdotes en los extensos llanos de América. Enterado el gobierno porteño por voz de sus agentes consulares, procuró un arreglo satisfactorio en acuerdo con los obispos de Buenos Aires y Bayona: la solución hallada en 1855 consistió en que unos misioneros vascos-bearneses acompañaran a los inmigrantes para su atención espiritual. De ahí que el obispo de Bayona propusiera al Padre Garicoits (1797 - 1863) el envío a Buenos Aires de sacerdotes de su Congregación. Aceptó con agrado el santo fundador y se ofreció él primero para tan simpática misión: pero como no accediera su prelado, los elegidos fueron el Padre Diego Barbé (1813 - 1869), en calidad de superior, los Padres Guimón, Larrouy, Harbustán y Sardoy, el estudiante Magendie y dos Hermanos auxiliares: Joannés y Fabián, los cuales se embarcaron en Bayona, el 31 de agosto de 1856 y llegaron a Buenos Aires el 4 de noviembre, tras una accidentada travesía. Entre las órdenes impartidas al Padre Barbé figuraba la fundación de un Colegio en beneficio de los niños vascos y de las familias del país. El Padre Barbé, anteriormente prestigioso director de la Escuela de N. S. de Betharram, fue el fundador del Colegio San José.

Era muy natural que los recién llegados misioneros consagraran alguna tardecita a recorrer la “Gran Aldea” que les había sorprendido, desde el barco, con su chata edificación salpicada, entre arboledas, por una docena de campanarios. En 1856, los 120.000 habitantes de Buenos Aires vivían esparcidos de norte a sur, entre los potreros del Retiro y del Riachuelo, con escasa edificación en los extremos y mayor densidad en el “Centro”, en torno a la Plaza de Mayo, llamada aún “de la Victoria”. En profundidad abarcaba unas diez cuadras, ya que los actuales barrios de Once, Palermo y Constitución, se hallaban en el descampado. El arroyo Maldonado marcaba el límite de la ciudad. Entre los sitios pintorescos descollaba el arrabal de Balvanera con su Plaza del Miserere, recién mudada en Once de Septiembre, tras un combate entre porteños y confederados, los potreros del Once, atestados de corrales, servían a la vez de matadero municipal, mercado de frutos y paradero terminal de centenares de carretas procedentes de todos los rincones del país. A la plaza la orillaba una amplia carretera pantanosa, ex camino real que se llamó después Federación y finalmente Rivadavia, obligada arteria de acceso para todo el comercio interior. No lejos de la plaza, la iglesia parroquial de Balvanera, solitaria en su manzana, dominaba el vecindario con sus torres. Allí se dirigieron los viajeros sin sospechar, por cierto, que, transcurridos unos meses, habían de fundar a su lado el Colegio San José. Regresaron los misioneros al anochecer, mientras los faroleros encendían las linternas esquineras. A las ocho en punto oyóse el toque de oración, nota de quietud. A media noche, la resignada voz del cuidador nocturno cantó su frase ritual: “Las doce han dado y sereno”…

A principios de 1858, el Padre Barbé encaró seriamente la fundación de un Colegio ya proyectado en Betharram por el Padre Garicoits. Por su gran devoción a Nuestra Sra. de Betharram, deseaba un local próximo a una iglesia de la Virgen y recorrió con ese objeto algunos barrios de la ciudad. Finalmente, en el barrio del Once y frente a la iglesia parroquial de Balvanera le agradó un modesto solar de planta baja, que medía 40 varas por 50, con un patio interior, perteneciente a Don Tomás Rebollo, que lo había utilizado como depósito de cueros y lanas y que se encontraba en Azcuénaga y La Piedad (hoy Bartolomé Mitre). El Padre Barbé lo alquiló en marzo por $600 mensuales de la época. La casa fue higienizada con apremio por haberse iniciado ya los cursos escolares. Además de la proximidad de Balvanera que serviría de capilla a la naciente institución, varias razones motivaron la elección de ese local, entre otras la posibilidad de adquirir terreno en la manzana anexa a la iglesia para la construcción del edificio propio, y la cercanía del Once, parada terminal de los lecheros vascos, procedentes de Flores, cuyos hijos concurrirían fácilmente a la escuela. El 18 de marzo, el modesto moblaje fue cargado en tres carros con la ayuda de algunos gauchos recién llegados del campo y del casero Rebollo quién entregó las llaves. El Padre Barbé y sus colaboradores ultimaron algunos aprestos y después de rezar, cada cual se acomodó para pasar la noche. Al día siguiente, fiesta de San José, después de saludar al párroco de Balvanera, ya enterado del objetivo, el Padre Barbé celebró la santa misa que bien puede llamarse de la fundación; luego, con serena confianza en el gran Patriarca elegido como protector, esperaron los primeros alumnos llamados a formar el modesto plantel del Colegio San José. Por la tarde del primer día acudieron sólo cuatro alumnos. Contados fueron los que ingresaron hasta fin de mes; en abril llegaron a 15; transcurridos dos meses, no alcanzaban a 20 entre internos, medio-pupilos y externos. El naciente Colegio se hallaba en peligro de expirar en la cuna.

El pago de los alquileres y los gastos corrientes habían agotado los recursos de la casa…los demás Padres consultados aconsejaron el cierre del Colegio…era profundo el desaliento que amargaba al P. Barbé cuando se produjo la siempre salvadora intervención de Dios. Hallábase entonces al frente de la parroquia de Balvanera el Presbítero Dr. Angel Brid, de ascendencia vasca, quien había acogido con agrado la fundación del Padre Barbé. Empeñado en dar impulso a su parroquia, estimaba que el nuevo colegio le deparaba un oportuno auxilio. Así lo entendía también el buen Padre Barbé quien ayudaba al señor cura en todo lo posible, y resolvió poner en su conocimiento la angustiosa situación: “Si no vienen alumnos, iremos a buscarlos”, le respondió el Padre Brid. El mismo día, el párroco se puso en marcha; acompañado por el comisario local, Di Olallo Pico, recorrió las casas del barrio para recomendar a las familias el colegio del Padre Barbé. El éxito de esa campaña sobrepasó las esperanzas, pues acudieron cerca de 70 niños, entre ellos unos 20 pupilos hacinados en la casa de Rebollo que se volvió insuficiente y exigió un cambio de local. A fines de septiembre, el Padre Brid interesado en que el colegio permaneciera en las inmediaciones del templo parroquial, llamó a su despacho al Padre Barbé y le propuso de repente la compra de un terreno de 42 m de frente por 62 de fondo, situado en la calle Cangallo, en la misma manzana de Balvanera. Su dueño, el Sr. Alderete, necesitado de dinero, lo ofrecía en $35.000 de aquel tiempo y prometía al párroco una ayuda para su templo si se lograba efectuar la venta por su mediación. El terreno fue adquirido a mediados de octubre y abonado a duras penas con los ahorros del colegio. Bernardo Idiart, de recia estirpe vasca, cuyos hijos cursaban en la escuela, se ofreció para edificar el nuevo colegio, adelantando la suma necesaria que se le pagaría en mejor oportunidad. Entre tanto las clases siguieron en la casa de Rebollo hasta el 19 de marzo de 1859. Los 120 alumnos del Colegio apreciaron jubilosamente las comodidades del nuevo colegio.

En aquellos días no se concebía edificación de importancia que no tuviera un mirador elevado y el padre Pedro Pommés, un entendido en arquitectura, llevó a cabo la iniciativa. El colegio vio erigido el suyo a fines de 1870 en el centro de la manzana con una base de 6 por 5 metros y una altura de 5 pisos, a cuya retaguardia fueron edificados dos cuerpos parejos de 10 por 8 metros, de 3 pisos, rematados en mansardas o buhardillas. Apenas terminada la obra fue visitado por militares y declarado observatorio ideal del barrio y, en caso de revuelta, sería ocupado por la milicia. La inauguración del mirador se hizo con la fiesta de premios del año 1871. Con su cresta almenada a modo de atalaya medieval, figura en los mapas militares de la época y se vio ocupado por las tropas en cada intento de revolución. En su cuarto piso, como un puesto de vigía rodeado por un balcón, eligió su morada el Padre Pommés, prefecto general de disciplina del colegio y brazo derecho del fundador Padre Barbé. Allí, durante varios años cumplieron tristes penitencias los alumnos candidatos a la expulsión. En el año 1880, cuando estalló la revolución, el General Bartolomé Mitre y su estado mayor ocuparon la torre desde donde los militares pudieron observar el desarrollo de los combates de Puente Alsina y los Corrales. Una anécdota de la historia cuenta que Bartolomé Mitre casualmente encontró a su sobrino Mariano de Vedia (alumno del San José en ese entonces, periodista y diputado nacional con posterioridad) cumpliendo una penitencia y lo reprendió con militar severidad.

Las crónicas del año 1888 mencionan un terremoto nocturno que aterró a los pupilos, pues agitó la campana y rasgó mármoles del lavatorio. A partir de 1912, la campana fue orientada hacia Larrea a fin de extender al patio mayor el imperio de sus tañidos; pero se comprobó que los embates de los vientos dispersaban su voz, lo cual dio paso a los timbres eléctricos...En cuanto a las broncíneas campanadas, se vieron reservadas para los tres rezos diarios del "Ángel del Señor".

La construcción del Salón de Actos durante la segunda década del siglo XX modificó el mirador, que debió ceder 2 metros a la caja del escenario teatral, por lo cual escalera final de la torre es muy empinada.

El mirador del colegio, erguido cual fortín entre el escaso vecindario, servía como observatorio del suburbio achatado, donde dominaban los campanarios de los templos de La Piedad, del Carmen, el de Regina, el del Salvador y la capilla Mater Misericordiae. Desde el mirador el contorno ofrecía un marco de paz en cuyas manzanas arboladas se ocultaban las casonas con alero, huerta, jardín y palomar. En 1913, el padre Pommés y el padre Lamane concibieron la idea de instalar en el mirador un observatorio astronómico. El telescopio fue donado por el Dr. Sinforoso Molina, padre del alumno Conrado, y estuvo alojado en la habitación del padre Pommés hasta que fue instalado en la cúpula al año siguiente. Los encargados de dar clases prácticas de astronomía fueron los padres Taillefer, Mourié, Guithou, Grange y Ramón Gay. El observatorio funcionó en forma continua hasta la década de 1970, cuando muriera el padre Gay, última persona que lo manejara. Lamentablemente no ha llegado hasta nuestros días información detallada acerca de qué tipo de actividades se realizaron en el observatorio, ya sea de investigación, enseñanza o fotografía, desde su inauguración hasta la muerte del padre Gay


Fuente: observatoriosanjose.com.ar

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lunes, 28 de noviembre de 2011

Palacio Rossini :: Antiguo Edificio de la Societa Italia Unita


El Palacio Rossini, bautizado así en honor al notable compositor italiano Gioacchino Antonio Rossini, nació como edificio de la Societá Italia Unita en el barrio de Balvanera y fue uno de los tantos espacios sociales construidos por la comunidad italiana que arribó a la Argentina como consecuencia de la inmigración de fines del Siglo XIX.

En la primera década de 1900, allí solían presentarse las compañías de óperas, que deslumbraban, secundados por la acústica de la sala, con la interpretación del bel canto y de las arias de los más afamados compositores europeos. Fue a partir de 1916 que estos espectáculos se trasladaron al novísimo Teatro Colón, con lo cual el Palacio Rossini comenzó a funcionar como la Milonga Italia Unita, convirtiéndose así en la Primera Casa de Tango de Buenos Aires.

Mitos y figuras representativas de la música ciudadana, como Juan D’Arienzo, Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Ángel Vargas, Alberto Castillo y Carlos Gardel sacaron lustre al escenario, desde el que recrearon con sus instrumentos y con sus voces prodigiosas las historias de papusas y fuleras, de mistongos y bienudos, de cafishos y percantas, de pitucos y pebetas, y hasta ventilaron al compás del 2 x 4 las desdichas del bulín.

Luego de permanecer cerrado durante algunos años, en 2004 el Palacio abandonó la oscuridad que parecía marcarle un penoso final. Restaurado a todo trapo, el complejo de 2.500 metros cuadrados reabrió sus puertas con el nombre de “Sabor a Tango”, el espectáculo musical que en cada función destila la nostalgia por la canción popular y enciende la chispa de la pasión tanguera.

Rememorando épocas gloriosas, este petit théâtre hoy muestra su reluciente salón comedor con capacidad para quinientas personas y un selecto palco superior, ambos iluminados delicadamente, revestidos con molduras y flanqueados por una interesante colección de pinturas. En las áreas privadas del edificio, una sala de baile de cómodas dimensiones evoca a los inconfundibles conventillos de la ribera. Allí, bajo la luz de los faroles, las clases de tango para principiantes logran que hasta el más patadura se sienta, por un rato, dueño del peringundín.

Fuente: secretosdebuenosaires.com



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domingo, 27 de noviembre de 2011

Torre Saint :: Edificio en Tte. Gral. Perón 2630




Torre Saint es el nombre con el que se conoce a un particular edificio de viviendas que se encuentra en la calle Teniente General Perón 2630, en la zona de la ciudad de Buenos Aires que se conoce como el Once.

Fue proyectado por el arquitecto Robert Charles Tiphaine en 1925, para el empresario Emilio Saint (uno de los Hermanos Saint propietarios de la firma de chocolates Águila). La obra estuvo a cargo de la constructora Galli y Cía., y el edificio fue terminado hacia 1928. La estructura, de hormigón armado, también estuvo a cargo del ingeniero Ítalo Galli.

La Torre Saint es un edificio único en Buenos Aires tanto en su ornamentación como en su volumetría. Fue construida en un terreno de 19 metros de ancho y más de 50 de profundidad, pero posee una inmensa fachada que mira hacia la medianera este, y queda tapada por el edificio contiguo. La planta del edificio es simétrica, pero con respecto a un eje que pasa por la mitad de la fachada lateral, y está organizada en dos cuerpos ocupados unidos y simétricos, con formato de U, aunque a partir del piso octavo pierden los bloques de los extremos y se transforman en L. Hacia el eje transversal se ubican los dos núcleos de ascensor y escalera.

Pero más allá de esta inusual implantación en el terreno, lo más llamativo de la Torre Saint es su coronamiento. Posee dos torres gemelas con cúpulas de tejas de bronce, que en la actualidad se han oxidado tomando un tono verdoso. La ornamentación de la fachada y los remates es ecléctica, aunque se ha encuadrado a este edificio dentro del art decó, aunque se trata de un diseño previo al estallido de esta corriente en París. Las columnas que decoran el pasillo central de la Torre Saint tienen influencia egipcia, y le han valido al edificio la vinculación con el impacto en la sociedad de los años '20 de los descubrimientos arqueológicos realizados en las pirámides de Egipto.

El arquitecto Fabio Grementieri incluyó al edificio en su libro dedicado al art decó en Buenos Aires, y lo describió poéticamente como “(...) mezcla de esbelto paquebote con estilizado templo egipcio”, relacionando también a sus dos torres con “(...) amarres para dirigibles.” A su ecléctica decoración la caracterizó como reinterpretación en estilo art decó de “(...) pilastras egipcias, columnas Luis XVI, contrafuertes góticos, urnas griegas y templetes sajones.” y emparentó a la Torre Saint con el Waldorf Astoria y los demás edificios coronados por dobles torres que rodean al Central Park en Manhattan. Por otro lado, el arquitecto e historiador Pancho Liernur lo asoció a otro edificio neoyorquino, el Dakota Building, también frente al Central Park.


Fuente: Wikipedia


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jueves, 24 de noviembre de 2011

Edificio en Tucumán 2052


Este edificio ubicado en la calle Tucumán 2052 del barrio de Balvanera muestra una muy interesante ornamentación en su fachada.

Desconozco quien fue su arquitecto pero me pareció interesante mostrarlo.


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martes, 22 de noviembre de 2011

Palacio de las Aguas Corrientes :: Actual Museo del Patrimonio Histórico




El Palacio de Aguas Corrientes (llamado oficialmente Gran Depósito Ingeniero Guillermo Villanueva) es un edificio emblemático de la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Fue construido para alojar los tanques de suministro de agua corriente de la creciente ciudad a fines del siglo XIX, envueltos en una arquitectura suntuosa de materiales importados. Se encuentra en la Avenida Córdoba nº 1950, barrio de Balvanera y es un Monumento Histórico Nacional.

Historia

En la segunda mitad del siglo XIX, la ciudad de Buenos Aires comenzó a crecer rápidamente, recibiendo sucesivas oleadas migratorias y consolidándose como puerto. El progresivo aumento de la población trajo con él los problemas del hacinamiento y la falta de preparación de los servicios públicos para abastecer a una cantidad cada vez mayor de personas.

Las epidemias comenzaron a abundar: en 1867 el cólera mató a 1500 personas, en 1869 la tifoidea mató a 500, y en 1871 aconteció la histórica epidemia de fiebre amarilla que se llevó a 14000 de las 178000 personas que vivían en Buenos Aires.

Ante los signos alarmantes del deficiente sistema de agua potable, las autoridades del recién unificado país tomaron la decisión de proveer a la capital de una red de agua corriente de avanzada, aprovechando una época de abundancia económica y de prosperidad. Siguiendo los planes del ingeniero civil inglés John Bateman de 1886, el gobierno nacional decidió que el depósito de aguas se instalaría en la zona norte de la ciudad, y se proveería a la misma de caños subterráneos, con la voluntad de que el edificio del depósito fuera un edificio fastuoso, cuyo presupuesto alcanzó los 5.531.000 de pesos fuertes.

La compañía Bateman, Parsons & Bateman estuvo a cargo del proyecto, y al poco tiempo se decidió privatizar las obras de salubridad debido a la falta de fondos del Estado. La compañía Samuel B. Hale y Co. se hizo cargo de los trabajos, adjudicando los trabajos de fachada exterior a Juan B. Médici, que fueron dirigidos por el ingeniero sueco Carlos Nystönner y el arquitecto noruego Olof Boye (empleados de Bateman, Parsons & Bateman). Las obras comenzaron en 1887, emplearon a 400 obreros y finalizaron en 1894, siendo inaugurado el edificio por el presidente Luis Sáenz Peña.

Sucesivamente, el depósito fue operado por Obras Sanitarias de la Nación (que ubicó allí sus oficinas hacia 1930), Aguas Argentinas y Agua y Saneamientos Argentinos (actualmente). En 1989, mediante el decreto 325, el Palacio de Aguas Corrientes se transformó en Monumento Histórico Nacional.

Descripción

El edificio es uno de los más exuberantes de Buenos Aires, y una muestra de la arquitectura ecléctica que encantaba a las clases altas que gobernaron la Argentina hasta 1916. El estilo puede encuadrarse dentro del impuesto en el Segundo Imperio Francés, y se destacan las piezas de cerámica policromada y los abundantes ornamentos en la fachada.

En sus tres niveles, contiene 12 tanques de agua (provistos por la firma belga Marcinelle et Coulliet según licitación de diciembre de 1886, con capacidad total de 72 millones de litros de agua, con un peso calculado de 135.000 toneladas. Estos son sostenidos por una estructura portante de vigas, columnas y cabriadas metálicas. Las paredes son de hasta 1,80 metro de espesor, y sostienen a las 180 columnas, distanciadas seis metros entre sí. Se levantaron con ladrillos cocinados en un establecimiento que se instaló en la localidad de San Isidro. En el centro del palacio, un patio interno provee de luz y aire a los ambientes.

Sin embargo, es la fachada lo más conocido y admirado del Palacio de Aguas Corrientes. Su revestimiento fue realizado en 130 mil ladrillos esmaltados y 170 mil piezas de cerámica importados de Bélgica e Inglaterra y numerados para facilitar su colocación. Las piezas de mármol que pretendían cubrir la fachada en el proyecto original fueron reemplazadas por piezas de terracota elaboradas en las fábricas Royal Doulton & Co., de Londres, y Burmantofts Company, de Leeds. Los techos fueron realizados en pizarra verde traída de Francia.

La idea de transformar un depósito de tanques de agua en un palacio ha recibido numerosas críticas, en general en relación con la falta de necesidad de dotar a una instalación de este tipo de semejante lujo, considerándolo una exageración y un derroche. Sin embargo, era usual en esos tiempos que edificios de funciones utilitarias, como depósitos o terminales ferroviarias, fueran envueltas en exteriores de aspecto palaciego.


Fuente: solesdigital.com.ar

martes, 8 de noviembre de 2011

Basílica Santuario de Santa Rosa de Lima



La Basílica Santuario Nacional de Santa Rosa de Lima es un templo católico que se encuentra en el cruce de la Avenida Belgrano con la calle Pasco, en el barrio de Balvanera de la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Santa Rosa de Lima es la patrona de la Independencia de la República Argentina, y es por ello que en 1926 se decidió la construcción de un Santuario Nacional para su figura. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto Alejandro Christophersen, quien le dio un estilo que él catalogó como "románico-bizantino de Perigord", habiendose inspirado en la Catedral de Saint Front en Perigueux, Francia. Esta elección se debió, en parte, a que fue voluntad de sus principales donantes, como María Unzué de Alvear.

El santuario fue inaugurado en octubre de 1934, aprovechando que en Buenos Aires se realizaba el 32º Congreso Eucarístico Internacional.

El exterior fue revestido en ladrillo, granito y piedra, con techos de teja italiana, cúpulas en cobre y mosaicos ornamentales, con el escudo papal en el centro del frente, flanqueado por los escudos de Argentina y de Perú, lugar de origen de Santa Rosa.

El edificio posee una cripta que ocupa toda la superficie del terreno y tiene acceso particular por el lateral de la calle Pasco, mientras la entrada principal se da por la Avenida Belgrano. El altar principal fue realizado en Italia y está coronado por una réplica de La Piedad de Miguel Ángel. El altar lateral está consagrado a Santa Teresita de Jesús.

La cúpula está sostenida por 18 columnas de mármol Cipollino griego de tonalidad verde, haciendo juego con los zócalos y frisos revestidos en mármol Tynos. Destinada a recibir un fresco en su bóveda, originalmente fue de revestimiento de piedra. La cúpula termina en una linterna en forma de torre que provee de luz al templo. También las pilastras y columnas de sostén de las galerías y el coro fueron realizadas en Cipollino.

El ábside o presbiterio fue revestido en mosaico veneciano, coronado por la escena de la coronación de Santa Rosa de Lima realizada en estilo bizantino arcaico.

Los dos grandes altares laterales se destinaron al Sagrado Corazón de Jesús y a la Virgen de la Medalla Milagrosa y fueron decorados con mosaico de colores.

El piso fue revestido en mármol Napoleón, con franjas de verde Alpes.

Desde la calle Pasco y Venezuela se accede a las dependencias de la iglesia. También sobre la calle Pasco se proyectó la construcción de un gran campanario con 26 campanas de carrillón.

Fuente: Wikipedia



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martes, 13 de septiembre de 2011

Casa de Liniers



La Casa del Virrey Santiago de Liniers es una de las viviendas más antiguas en pie de la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Se encuentra en la calle Venezuela nº 469, del barrio de Monserrat, y es un Monumento Histórico Nacional.

La casa fue construida hacia fines del siglo XVIII para don Martín Simón de Sarratea y su familia. Santiago de Liniers, encargado de la reconquista de la ciudad luego de las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, vivió en ella entre 1808 y 1809.

En esta residencia el general inglés William Beresford habría firmado los términos de capitulación antes de rendirse, en 1806. El edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional mediante el decreto nº 120.412 de 1942.

La casa permaneció en manos de la familia Estrada durante las últimas décadas. Ángel Estrada fue fundador de una editorial cuya sede fue construida en un terreno adyacente, con frente sobre la calle Bolívar, y poseía además un tercer terreno que habían transformado en estacionamiento de automóviles. A comienzos de 2009, Editorial Estrada puso en venta sus tres propiedades, con voluntad de que tuvieran utilidad pública, y la ofreció en venta al Gobierno de la Ciudad. Las propiedades no pudieron ser adquiridas en un comienzo porque la suma exigida por Estrada resultaba mayor a la que el Gobierno estaba dispuesto a pagar.

Por ese tiempo, vecinos e interesados se movilizaron, incluso realizando un acto disfrazados de corsarios frente a la Casa de Liniers. El Gobierno de la Ciudad vendió cuatro propiedades que tenía en su poder, para adquirir la vivienda del virrey, la sede de Editorial Estrada y el estacionamiento.

Finalmente, la compra fue efectuada por el Gobierno de la Ciudad en octubre de 2010. En la actualidad, la Casa de Liniers está siendo reacondicionada para que allí funcione la Dirección de Patrimonio y el Instituto Histórico de Buenos Aires, se unifiquen archivos históricos y se instale un espacio dedicado a la Reconquista de Buenos Aires.

La residencia de Sarratea es una típica construcción colonial de fines del siglo XVIII, con fachada de muros gruesos blanqueada con cal, rejas sencillas y una imponente puerta de madera pintada de verde. De la construcción original, sin embargo, solo se conservan la fachada y algunas paredes internas.

El resto de la decoración fue realizada por la familia Estrada en la primera mitad del siglo XX. Sobre el frente de la casa hay colocada una placa en recuerdo a quien llegara a ser Virrey del Río de la Plata, y defensor de la ciudad.

Fuente: Wikipedia

domingo, 7 de agosto de 2011

Edificio en Av. Belgrano 2280 :: Galería Monte Cudine


La Galería Monte Cudine está ubicada en la Avenida Belgrano 2280 del barrio de Balvanera.

En el año 1870 un inmigrante italiano que había llegado por los años 40 a las costas uruguayas en el más total estado de pobreza, había evolucionado gracias a una carrera comercial que, al cabo de unos años lo premiaría con la obtención de una representación para comerciar en esta zona del mundo la bebida alcohólica amarga de fabricación italiana denominada “Amaro (por amargo) Monte Cudine”.

La sociedad que había formado Geosué Bonomi para desarrollar sus negocios decidió instalarse en Buenos Aires para centrar en esta ciudad la distribución del nuevo producto. Con ese propósito adquirió el edificio ubicado en la Avenida Belgrano N° 2280. El inmueble, hoy denominado “Pasaje del Mueble y la Decoración” ubicado en la Avenida Belgrano 2280, data del año 1870, si se da crédito a la tradición que narra el anecdotario del vecindario. Sea o no esa la fecha exacta de su construcción, se sabe con certeza que fue adquirido en 1886 por la sociedad de italianos inmigrantes que habían tocado tierra inicialmente en el Uruguay.
Por esos tiempos el país entero contaba con unos 3.250.000 habitantes, y la ciudad de Buenos Aires, en la que habitaban 430.000 almas, llegaba hasta la avenida Callao y muy poco más. Entre Ríos-Callao comenzó a ser empedrara en 1870, y San Juan se abrió recién en 1871. Sin embargo a lo largo de la calle Rivadavia se extendía una suerte de urbanización estimulada por ser el acceso al Mercado de los Corrales, hoy Plaza Miserere, en el que se concentraban los carruajes que trasportaban mercaderías provenientes del Norte y Oeste del país. Pero en cuanto se apartaba de esa arteria, llamada Camino Real, el visitante se encontraba como en pleno campo. Las razones de esa angosta “extensión” edilicia tienen que ver también con la inauguración del tranvía a caballo de los hermanos Lacrosse que iba desde la Casa de Gobierno hasta la Plaza Once por Cangallo y volvía por la calle de la Piedad (hoy Bme. Mitre) y con la cercanía del Ferrocarril del Oeste que desde la actual plaza Libertad llegaba hasta Floresta pasando por lo que hoy es la av. Corrientes y luego acercándose a la Plaza Once.

El entorno, hoy llamado barrio de Balvanera, estaba constituido mayormente por quintas de hasta 25 ha. entre las que abundaban los pantanos. Anteriormente, en tiempos de Rosas, algunas concentraciones de edificaciones precarias daban alojamiento a una alta proporción de población negra, siempre favorecida por el tirano, por lo que se dio en llamar al lugar, junto con Montserrat, “Barrio de los Tambores”. Con la llegada de la inmigración, mayormente compuesta por italianos en esa zona, la población blanca fue superando a la población de color. La urbanización, al extenderse al oeste por la calle Rivadavia fue dando vida a la zona, en la que poco a poco se fueron instalando industrias y algunas viviendas.

Frente mismo al “Pasaje del Mueble”, en Av. Belgrano 2297 subsiste todavía una notable casa de altos en la que se indica claramente en su frente, como año de construcción, 1888. El epicentro de mayor densidad de Balvanera se ubicaba en esos años entre las primeras tranqueras del Mercado de los Corrales y el Mercado Ciudad de Buenos Aires fundado por David Spinetto (hoy “Shopping Spinetto”), instalado a solo 100 metros de la planta “Monte Cudine” que se solicita catalogar. Se destacó en la época el teatro Doria, sobre Rivadavia a esa altura, también en las cercanías. Dicho teatro, conocido también como “el galpón”, era considerado como el teatro de ópera barata, dado que las compañías que actuaban en él eran de segundo o tercer orden. El advenimiento del colegio San José dio también un impulso urbanístico al barrio, que no obstante, seguía teniendo dificultades de acceso, calles de tierra y carencia de iluminación hasta bien avanzada la década de los noventa.

La adquisición en Buenos Aires de este edificio fue realizada para instalar allí la representación y distribución del comentado “amaro”, amargo proveniente de Italia, del que aún subsiste en su fachada la marca “MONTE CUDINE”. La bebida era trasportada hasta allí en carrozas de tracción a sangre desde su desembarque en las orillas bonaerenses para ser almacenada, probablemente fraccionada y luego distribuida a las pulperías porteñas y/o destinadas a almacenes de ramos generales de las incipientes poblaciones del interior. La mercadería ingresaba por el portón central que originalmente habrá sido de tierra y luego adoquinado, era descargada y estibada en los sótanos que aún se pueden apreciar, y los carruajes continuaban hasta el fondo donde se encontraban los corrales originales. En ese fondo, cuando la tracción a sangre pudo ser sustituida, la familia Bonomi, propietaria del negocio, construyó su residencia de tres pisos cuyos vestigios aún subsisten, una de las primeras de la ciudad dotada de ascensor. Hoy quedó inserta en el centro de la manzana, bloqueada por el Pasaje sobre Belgrano y por un cine construido sobre la calle Venezuela.

Debajo de las lajas con que se recubrió hace pocos años el piso de esa entrada, yacen los adoquines originales, según nos informan vecinos que recuerdan la “puesta en valor” encarada en el año 1980 para adaptar el edificio a su destino actual. Curiosamente la entrada al cine sobre la calle Venezuela al 2245, paralela a Belgrano, justo donde daban los fondos del “Monte Cudine”, tiene las características de un ingreso vehicular de adoquines similares a los usados en la época, que están a la vista y que por su ubicación y el ancho del ingreso coincide con lo que hubiese sido la salida del pasaje por la calle posterior.
Fuente: http://www.martavarela.com.ar/ 





viernes, 29 de julio de 2011

Antiguo Hospital Español



El edificio del antiguo Hospital Español se encuentra en Avenida Belgrano 2975 en el barrio de Balvanera.

Fue construido en 1906 por Julián Garcia Nuñez y es la obra más conocida de este arquitecto que tiene la ciudad. Lamentablemente gran parte del edificio ha sido demolido y el resto se encuentra en pésimo estado de abandono.


Julián García Nuñez fue un arquitecto y constructor argentino de ascendencia española reconocido como uno de los máximos representantes de la corriente del art nouveau llamada modernismo catalán en la Argentina.

Fuente: juliangarcianuniez.blogspot.com

sábado, 30 de abril de 2011

Bustos de los Doctores Argerich, Gorman y Fabre


Sobre la calle Junín nos encontramos con un conjunto de bustos, que representan a los primeros catedráticos, considerados fundadores de la enseñanza médica. Por disposición del rey Carlos IV de España, el virrey Antonio de Olaguer y Feliú Heredia nombró protomédicos y catedráticos de Medicina a don Miguel Gorman, y de Cirugía, al licenciado Agustín Eusebio Fabre.

El Protomedicato fue inaugurado el 17 de agosto de 1780, estando constituido por el Protomédico; un Conjuez; los examinadores para las facultades de de Medicina, Cirugía, Farmacia y Flebotomía; un abogado asesor; otro para el Fiscal; un Escribano, un Alguacil Mayor y un portero.

El Protomedicato fue creado por el virrey Vértiz, en 1779. A este respecto escribe Tumburus: el nombramiento de Protomédico en la persona de Gorman fue comunicado por Vértiz al Gobierno Central, el 5 de febrero de 1779; luego, el 24 de octubre de 1780; y una tercera vez, por pedido del rey, el 24 de noviembre de 1781. Sin embargo, por las intrigas que se fraguaban contra el protomédico, hasta en la misma Corte, a pesar de las poderosas influencias movidas por él, la real confirmación de la creación del Protomedicato tardó diecinueve años en producirse, es decir, hasta la promulgación de la Real Cédula del 19 de junio de 1798, a la que siguió otra del 18 de septiembre de 1799, aprobando los nombramientos del personal.

El Dr. Miguel Gorman (1749-1819), cirujano de origen irlandés, fue el primer protomédico y fundador de la Escuela de Medicina del Protomedicato de Buenos Aires. Implantó la variolización en el Río de la Plata. Estudió en las universidades de París y de Reims, revalidando su título en Madrid. Colaboró con el virrey Vértiz en las cuestiones relativas a la salud. Organizó el cuerpo médico, combatió el charlatanismo, desarrolló el ejercicio profesional en la patología y en la clínica. Renunció a su cátedra, por razones de salud, en mayo de 1802, a favor del Dr. Argerich.

El Dr. Cosme Mariano Argerich (1758-1820), fue profesor y Presidente del Departamento de Medicina (1812). Fue además fundador del Instituto Médico Militar, en 1813. Además, autor de un reglamento y plan para la enseñanza.

Los bustos de los Dres. Gorman, Argerich y Fabre se hallaban hace años en el centro del patio correspondiente a la calle Junín, de la Facultad de Ciencias Médicas de la calle Córdoba.

El autor de estas esculturas en bronce fue el artista español Miguel Blas y Fábregas (1866-1936), quién estuvo en Buenos Aires, en 1909 y fue nombrado Académico de Bellas Artes de San Fernando. Autor de varias obras que se exhiben en nuestro medio, entre ellas las de Mariano Moreno y San Francisco Solano, en Tucumán.

Fuente: Odon.uba.ar


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domingo, 24 de abril de 2011

Bar de Cao




En Av. Independencia 2400 (esquina Matheu), en el barrio de Balvanera, se encuentra este histórico restaurante, donde se sirve una de las mejores picadas de Buenos Aires. La historia de Bar de Cao se empezó a escribir en 1915, cuando los hermanos Cao abrieron un despacho de bebidas alcohólicas y comida. En 2005, el lugar fue restaurado y reinaugurado por sus actuales dueños, también propietarios de Bar El Federal.

De principios del siglo XX, el local conserva el mostrador, la puerta de entrada, las grandes vitrinas y las baldosas que decoran el piso. Una chapa enlozada en blanco y azul es testimonio de esa época, así como las mesas, las heladeras antiguas, y la estantería, poblada de botellas cubiertas de polvo, ubicada detrás de la barra. El espíritu del local original se mantuvo a pesar de las modificaciones hechas cuando se instaló el café.

El trabajo de restauración que se realizó es notable. “La gente queda fascinada por el estilo del bar y por objetos como la fideera, que es una de las pocas de aquella época que se encuentran en Buenos Aires”, cuenta Guillermo Pérez Bravo, artista plástico y encargado del restaurante.

El salón, con mesas y sillas de madera; exhibe antiguos carteles de Coca-Cola, Hesperidina y Cinzano y retratos de artistas como Mariano Mores, Carlos Gardel u Osvaldo Pugliese. Las ventanas y las vitrinas están decoradas con clásicos fileteados porteños que pintó el propio Pérez Bravo. Al fondo, se instaló un espacio dedicado a las artes plásticas, donde hay exposiciones que se renuevan cada 15 días. Bar de Cao también cuenta con mesas en la vereda, ideales para los fumadores y para quienes quieran observar el movimiento del barrio.

El restaurante se destaca no sólo por su llamativa ambientación sino también por sus famosas picadas. Los entendidos recomiendan las opulentas Cao y Gran Cao (para 3 o 4 personas), que incluyen tortilla, leberwurst y jamón crudo del mejor, entre otros ingredientes. Algunos de los fiambres que se utilizan en las picadas se encuentran a la vista del público: del techo del local cuelgan jamones, salamines y cantimpalos, como en los viejos almacenes.

Para acompañar, se aconsejan las cervezas artesanales en sus versiones rubia, negra y roja, que son elaboradas exclusivamente para Bar de Cao. Por supuesto, también se puede disfrutar de las picadas con algún vino o aperitivos clásicos como el fernet o el Pineral.

La carta también incluye platos tradicionales de la cocina porteña; por ejemplo, pollo, lomo (puede ser acompañado por alguna ensalada especial) y pastas artesanales elaboradas en el lugar. Son imperdibles los ravioles de pavita con salsa de champiñones, los de calabaza y ricota y los tallarines. Para el postre, las opciones más lucidas son el strudel de manzana, los cuadraditos de limón y el infaltable flan con crema.

“Al mediodía, vienen muchas personas que trabajan por aquí. De noche, en cambio, se llena de jóvenes. Muchos se acercan por curiosidad. No existen demasiados lugares como éste”, concluye Pérez Bravo.

Fuente: revistag7.com


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lunes, 28 de febrero de 2011

Templo de la Congregación Sefaradí "Yesod Hadath"


El templo de la Congragación Sefaradí "Yesod Hadath", está ubicado en la calle Lavalle 2449 en el barrio de Balvanera. Es una obra del ingeniero Jacobo Sirlin.

Entre los años 1907 y 1925 la comunidad judía de Buenos Aires, pasa a ocupar el barrio del Once, siendo la más importante concentración residencial y comercial de los judíos que viven en la ciudad. Se dió origen así a diversas organizaciones, asociaciones y congregaciones religiosas, sociales y educativas destacándose entre las más tradicionales, por su arquitectura y su uso, dos ejemplos: el templo que los ashkenazíes, provenientes de Europa Central, construyeron en el barrio de Once en la calle Paso; y èste de la comunidad sefaradí construido por los que llegaban mayoritariamente de Aleppo, Siria.

El templo fue creado por el rabino Shaúl Sitheon Dabbah con el apoyo de los dirigentes Abraham Paredes, José Zaed y Mair Masri. Yesod Hadat se estableció el 20 de abril de 1920 y desde sus origenes esta entidad pretendió convertirse en una institución amplia que nucleara a la mayor parte de las familias alepinas. Por eso decidieron tambien crear el colegio Yesod Hadat que se creó en 1930.

Fuente: toranetu.org

 

sábado, 26 de febrero de 2011

Casa de Angel Braceras :: Actual Sede de la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel


La residencia particular del empresario textil Angel Braceras es obra del arquitecto Alejandro Christophersen y está ubicada en la Avenida Belgrano 2852 en el barrio de Balvanera.

La casa de estilo ecléctico contiene una puerta de entrada de madera y cinco altas ventanas en su lateral con rejas artísticas.

De dos plantas se observa en su primer piso un balcón de balaustres con vistoso techo de tejas españolas conteniendo tres ventanas de dos hojas cada una, más otras dos apareadas en su costado y rematadas por frontis triangulares..

Actualmente es la sede de la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel.

Está en muy buen estado y no muestra modificaciones.

Fuente: arquitecto-christophersen.blogspot.com


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martes, 22 de febrero de 2011

Edificio en Lavalle 2501 :: Ex Mercado Merlini


Este edificio de estilo Art Decó fue diseñado por el arquitecto Jorge Kalnay.

Fue inaugurado en 1929 y allí funcionó el Mercado Merlini, en el mismo lugar donde hoy encontramos locales comerciales.

El edificio se encuentra en la esquina de Larrea y Lavalle.


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lunes, 21 de febrero de 2011

Casa en Venezuela 2763


Esta casa de 20 habitaciones en 2 plantas está ubicada en la calle Venezuela 2763 en el barrio de Balvanera. Posee un estilo italianizante y fue construida como vivienda familiar por el reconocido arquitecto Alejandro Christophersen.

sábado, 19 de febrero de 2011

Edificio Concepción en Tte. Gral. Perón 2759




El Edificio Concepción es una vivienda colectiva con comercio en la planta baja ubicada en Tte. Gral. Juan Domingo Perón 2759 en el barrio Balvanera.

El edificio fue construido con un estilo renacentista español.


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martes, 15 de febrero de 2011

Gran Templo Paso


Ubicado en el barrio de Once, centro histórico dónde se instaló la comunidad judía en la Ciudad, este templo remonta sus orígenes a 1894, cuando inmigrantes de Rusia y Polonia llegan al puerto de Buenos Aires en busca de cobijo.

Poco después sus descendientes fundan el “Talmud Torá Harishoino” (estudio inicial de textos sagrados), el primer instituto de enseñanza judía que se estableció en el país, a la manera de los “Jeider” (habitación) de la Europa Oriental. A la par, se inician los servicios religiosos en la misma sede educativa, que debió mudarse varias veces: comenzó en la calle Viamonte al 1466, luego pasó a Lavalle 1958 y más tarde a Lavalle 1747.

Entre 1920 y 1949 asumió la dirección religiosa del templo el rabino ruso David Maler, imprimiendo su sesgo tradicional. El edificio fue inaugurado en 1927, con la presencia del entonces presidente de la Nación, Marcelo Torcuato de Alvear, y proyectado y construido por el arquitecto Meer Nortman y el ingeniero Salomón Jurovezky.

Es una de las instituciones más famosas y populares de Buenos Aires, por el estilo suntuoso que la caracteriza. El templo cuenta con treinta y tres rollos de la torá, muchos de ellos adornados con motivos de leones y coronas.

En la tarde del 16 de octubre de 2003, el Templo de Paso fue escenario de un espectáculo singular. “Inspiración, primera orquesta del tango de judíos argentinos” y la cantante Susana Rinaldi ofrecieron un recital de tangos típicos y clásicos, como La Cumparsita, Adiós Nonino, Naranjo en Flor y Melodía de arrabal, al precio de un alimento no perecedero destinado al comedor comunitario del templo. La cantante Mimi Kozlowski interpretó algunos temas en idish, el idioma de los hebreos en la diáspora. La sinagoga con capacidad para unas dos mil personas estuvo colmada y el hecho fue destacado por la prensa nacional.

El gran templo de Paso es actualmente sede de los servicios religiosos, las ceremonias de Bar y Bat Mitzva precedidas del curso correspondiente, casamientos y distintas actividades.

Fuente: Wikipedia
 

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