Buenos Aires posee un patrimonio arquitectónico desconcertante y sugestivo. Las múltiples fuentes de inspiración y la tendencia local a la reelaboración consolidaron en los dos últimos siglos una herencia artística vasta y ecléctica. Este blog pretende mostrar a través de fotografías algunos de esos detalles que suelen escaparse a quien camina sin mirar por donde pasa.
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jueves, 3 de marzo de 2011

Residencia Fortabat :: Actual Embajada de la República de Corea



La Residencia Fortabat es un edificio de estilo academicista ubicado en la Av. Del Libertador 2395 en el barrio de Palermo.

El edificio es una obra del arquitecto Roberto Peña inaugurado en 1924.



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jueves, 10 de febrero de 2011

Palacio Bosch :: Actual Residencia Oficial del Embajador de los Estados Unidos de Norteamerica




En la zona del Jardín Zoológico, próxima al parque de Palermo, Ernesto Bosch y su esposa, Elisa de Alvear mandaron construir su casa. Bosch venía de concluir su desempeño como Representante del Gobierno Argentino en Francia, y acababa de ser llamado a Buenos Aires por el presidente electo Roque Sáenz Peña para ocupar el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores. Como muchos argentinos, el matrimonio y su familia habían pasado una larga temporada en Paris, alternando sus funciones oficiales con la vida mundana y elegante de la bélle époque.


Los Bosch no dejarían París sin encargar el proyecto de su residencia porteña al prestigioso arquitecto René Sergent, quien debió diseñar el palacio para el jefe de la diplomacia argentina, volcando todo su oficio, practicado a través de una amplia experiencia entre la nobleza europea.

La materialización del edificio no fue sencilla ni barata. Hicieron falta decenas de detallados planos, materiales y decoraciones enviados desde el otro lado del Atlántico. Y la fiel interpretación de los arquitectos Eduardo Lanús y Pablo Hary, encargados de la construcción. Todo bajo la constante incertidumbre y altos costos que supuso el desarrollo de la Primera Guerra Mundial, con naves amenazadas por torpedos al cruzar el Atlántico. Sin embargo, el 6 de septiembre de 1918 se abrieron a la vida social los salones de la residencia convocando al Buenos Aires más elegante. En 1924, se alojó el príncipe Humberto de Savoia, heredero de la corona de Italia, en visita oficial a la Argentina.

De Versalles a Palermo

El palacio Bosch es uno de los mejores proyectos de René Sergent. Excelente recreación del grand hotel particulier del siglo XVIII, tiene como fuente de inspiración más probable el Chateau de Bénouville, en Normandía, construído por Claude Nicolas Ledoux, cuya obra Sergent apreciaba especialmente.

Como los otras dos grandes residencias diseñadas por Sergent para dos hermanos de Elisa Alvear de Bosch, el Palacio Errázuriz y la villa Sans Souci, este palacio se inscribe entre los mejores ejemplos de la corriente que recreó el clasicismo del siglo XVIII francés a principios del siglo XX. Colaboraron con Sergent importantes figuras en el campo del paisajismo y la decoración, Achille Duchéne fue el encargado de trazar los jardines de la residencia y el prestigioso André Carlhian tuvo a cargo la decoración interior.

Luz y geometría

El volumen exterior simple y potente demuestra el refinamiento del diseño en las elegantes fachadas delineadas en función del espacio exterior que enfrentan. Así, la principal es el grandioso marco de la cour d´ honneur y enfrenta con imponencia el parque del otro lado de la Avenida. La lateral, sobre la calle Darregueyra, forma parte de un cuadro que integra el templete clásico del paseo público -expresamente construido a tal efecto- y que evoca una de las vistas del Petit Trianon de Versailles. El frente posterior, en cambio, se corresponde con el diseño del jardín, su complemento inescindible, y que los autores consideraban como un "salón al aire libre".

En el interior, los secretos de la armonía del edificio se encuentran en la red de ejes que organizan sus espacios. Sutilmente interconectados, estos ejes permiten guiar la procesión del visitante a través de los salones y establecer la jerarquía de las perspectivas. Innumerables y sutiles juegos de simetrías, reflejos y continuidades hacen del conjunto una obra de singular jerarquía arquitectónica donde la arquitectura con mayúscula y el gran juego del clasicismo están basados en el dominio de la geometría y de la luz.

Washington en Buenos Aires

Cinco años más tarde, poco antes del famoso crash financiero de 1929 y de la revolución de septiembre de 1930, la propiedad cambiaría definitivamente de dueño iniciándose también otra etapa para la residencia.

Poco después de la visita a Buenos Aires del presidente electo Herbert Hoover, el embajador norteamericano Robert Woods Bliss logró vencer las resistencias de Ernesto Bosch y su mujer, y adquirió el edificio siguiendo la estrategia definida por el Departamento de Estado, que buscaba potenciar la presencia norteamericana en el exterior a través de enclaves diplomáticos que reflejaran su espíritu y su imagen.

Ninguna otra residencia porteña recreaba mejor un rincón de Washington que el neoclásico Palacio Bosch. En siete décadas, el edificio fue importante testigo de encuentros, desavenencias o coincidencias, fue, en suma, un importante escenario de la historia diplomática entre los dos países. Albergó a varios presidentes norteamericanos, como Franklin Delano Roosevelt, en 1936, Dwight Eisenhower, en 1960, o George Bush, en 1994, en visita oficial a la Argentina. Allí vivieron varios embajadores de nota, como el sutil Norman Armour, durante los cruciales tiempos de guerra; el controvertido Spruille Braden, durante el ascenso de Perón al poder, y el perspicaz James Bruce, quien publicara esclarecidas páginas sobre la Argentina.

Los arquitectos Lanús y Hary, sus constructores, fueron fundadores de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires y tomaron al Palacio Bosch como ejemplo para ilustrar sus recordadas clases teóricas que tenían como lema la siguiente frase: "Necesita el país tener muy buenas casas, antes que tener grandes monumentos".
Fuente: Fabio Grementieri





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miércoles, 12 de enero de 2011

Palacio Ortiz Basualdo :: Actual Embajada de Francia





El Palacio Ortiz Basualdo es un exponente de la arquitectura Beaux Arts. Diseñado en 1912 por el arquitecto francés Paul Pater, para el matrimonio de Daniel Ortiz Basualdo y Mercedes Zapiola, frente a la plaza Carlos Pellegrini. Es sede de la Embajada de Francia en Buenos Aires desde 1939.

Diseñado en 1912 por el arquitecto francés Paul Pater, a quien se debe también el edificio del Tigre Club, la construcción del palacio se prolongó por varios años. En 1925, durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, cuando tanto el barrio como el país se hallaban en su apogeo, sirvió de residencia oficial al príncipe de Gales, quien supuestamente demostró su admiración por el refinado confort y la grandiosidad del edificio. Pero sería finalmente Francia quien tomaría posesión definitiva del palacio, al transformarlo en 1939 en sede de su embajada en Buenos Aires.

Características Arquitectónicas

La notable y difundida influencia francesa en la arquitectura argentina tiene un excepcional ejemplo en el Palacio Ortiz Basualdo. Gran exponente de la arquitectura Beaux Arts, en diferente escala, esta obra es, como la Opera de París de Charles Garnier, una lección de inserción en el tejido urbano, y de correspondencia entre masas exteriores y espacios interiores, y una original recreación de elementos arquitectónicos de la tradición francesa. El planteo general del edificio es una sagaz reelaboración del tradicional hôtel particulier francés de cuatro niveles: basamento, planta noble, planta de habitaciones particulares y mansarda. Prototipo en vigencia desde el siglo XVII, las versiones más grandiosas emulan las magníficas composiciones de famosos castillos del Grand Siècle, y en este caso resuenan ecos de ejemplos como Vaux-Le-Vicomte o Maisons-Laffite.

El habitual esquema de cuerpo central, alas laterales y pabellones extremos se repite aquí pero sin generar una cour d’honneur o una terraza. Estos elementos se pliegan hacia atrás, rotando sobre el eje central y de simetría de la composición. Se produce así una suerte de expansión del espacio por delante, que abarca la plaza reciclándola como verdadera cour del palacio. Preside la organización de los distintos volúmenes el torreón cilíndrico de la esquina coronado por una cúpula revestida de pizarra y una linterna ejecutada en cinc.

La entrada principal se ubica en el sector inferior del torreón de esquina y es el ámbito de transición entre el exterior y los espacios interiores. Este pórtico circular, rotonda de acceso a la sede diplomática y perforado por tres amplios portales y un ventanal, sirve de descenso a cubierto desde los coches. A continuación de un pequeño palier cuadrado se sucede el hall de entrada, vestíbulo de acceso, también circular, cuya decoración se basa en el despliegue de los mármoles policromos del piso, rodeado de muros revestidos en madera tallada y ritmado con pilastras corintias.

La Escalera de Honor y los salones de recepción del primer piso: Esta recreación de estilos ingleses que caracteriza la entrada principal se repite en la decoración de la Escalera de Honor y el hall circular del primer piso.

En el hall circular aparecen motivos de los siglos XVII y XVIII como la ventana neopalladiana que ilumina la caja de la escalera, las barandas de línea Chippendale, los vanos aporticados de inspiración Reina Ana realizados por la casa de decoración inglesa Waring and Gillow y las pinturas de puertos famosos. Merecen una mención especial el portal y el cielo raso de la antecámera.

Pero el verdadero hallazgo en la composición de los espacios de este nivel, reflejo del esquema general del edificio, es la serie de enfiladas de salones de excelentes proporciones, decorados en distintos estilos.

La biblioteca, con su apertura hacia el jardín posterior, es una recreación del gótico tardío inglés. Su chimenea tiene motivos del primer Renacimiento.

A continuación de la biblioteca se encuentra el Salón de Billard o fumoir, combinación de revestimientos y cielo raso estilo tudor con gran chimenea inspirada en el renacimiento francés. En este salón se puede ver una producción de mapas antiguos del Río de La Plata. Aquí están hoy expuestos los retratos de todos los Embajadores de Francia que se sucedieron a lo largo de 65 años de historia del Palacio.

Al salir del Salón de Billard se destaca el Salón de Baile o de Honor, reinterpretación de una versión más temprana del estilo Luis XV. La chimenea en márbol tallado y bronce cincelado, el gran panel central con pintura alegórica en el cielo raso y el detalle del medallón del cielo raso con figuras mitológicas merecen una mención especial. También de gran interés son el busto del Rey Henri IV, las tallas doradas en la boiserie, los lustres (las arañas) de estilo Luis XV y los paneles con pintura decorativa sobre los espejos.

El Salón de Baile se abre sobre la Sala de Música, salón redondo de estilo Luis XV, con motivos chinescos. De gran interés son los espejos, las consolas y sus cartelas con tallas alusivas. Este salón es el epicentro del conjunto y constituye un privilegiado punto de vista hacia el exterior y hacia los interiores organizados según tres ejes. Uno hacia atrás, que enhebra el pequeño palier cuadrado, el hall circular, la escalera de Honor y la fuga por el ventanal hacia el jardín posterior. Otro, hacia la derecha que reúne el salón de Baile, el salón de billard y la biblioteca.

El eje restante enlaza hacia la izquierda el gran comedor que emula al del Palacio Real de Oslo, dentro de un indefinible estilo barroco inglés donde uno puede admirar los detalles alegóricos, espejos y pinturas murales representando naturalezas secas, y que sirve ahora de sala de reunión, con el jardín de invierno y su decoración inspirada del estilo tudor con su generoso bow-window con valiosas maderas en bajo relieve.

A fines de la década de 1970 el edificio estuvo a punto de ser demolido junto a otras valiosas construcciones vecinas para terminar la apertura de la Avenida 9 de Julio. Afortunadamente se ha logrado revertir esta visión y tanto el edificio como parte de su entorno han sido preservados de su destrucción.


Fuente: Wikipedia


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Palacio Pereda :: Actual Embajada de Brasil



El Palacio Pereda es una antigua mansión localizada en la Plaza Carlos Pellegrini, en el comienzo de la Avenida Alvear, en Buenos Aires. Localizado en el número 1130 de la Calle Arroyo, fue habitado por el médico y hacendado Celedonio Tomás Pereda (1860-1941) y su esposa María Justina Girado, miembro de una familia de grandes terratenientes.

Fue construido según planos del arquitecto francés Louis Martin, posteriormente reemplazado por el Arq. belga Julio Dormal. El palacio posee semejanza con el Museo Jacquemart André de París y algunos elementos se inspiraron en el Castillo de Fontainebleau.

El edificio se desarrolla en tres plantas y mansarda. En la primera, que comprende el basamento, se ubican acceso y dependencias, en la segunda los locales destinados a recepción y en la tercera las dependencias privadas. Sobre el eje de simetría se desarrolla un volumen central de fachada recta y curva con remate de cúpula y mansarda. Este volumen está flanqueado por dos cuerpos de menor altura que avanza hacia la línea municipal, definiendo una terraza que sirve de expansión a los salones principales. Esta fachada posee un tratamiento equilibrado de llenos y vacíos, con aventanamientos enmarcados por pilastras que recorren los dos pisos superiores y generan una secuencia rítmica muy interesante a lo largo de toda la fachada retraída. Los cuerpos laterales y el basamento se unificaron a través del almohadillado del muro.

La fachada posterior, más dinámica, muestra un rico juego de entrantes y salientes con un gran protagonismo de la escalera que conduce hacia los jardines. El interior posee valiosas obras artísticas, destacándose las monumentales telas del pintor catalán José María Sert, cuyas audaces perspectivas crean un plano superior inexistente.

El notable conjunto urbano formado por el Palacio y sus alrededores reflejan, como otros pocos lugares en Buenos Aires, la fuerte influencia ejercida por la arquitectura francesa en la Argentina, especialmente durante las primeras décadas del siglo XX. Colaboran para reforzar la tonalidad parisina del lugar el trazado irregular de las calles del sector y la indudable imagen francesa de varias residencias particulares, imponentes y de admirable diseño.

En 1944 el edificio fue adquirido para ser ocupado por la Embajada de Brasil y residencia de los Embajadores.

El arquitecto Louis Martin, realizó en Buenos Aires numerosas residencias, entre ellas las ubicadas en las calles Uruguay y Juncal, Montevideo 1725, Juncal 1321, Vicente López 1732, Arenales 1334, Av. Quintana 160, Av. Callao 924, etc., y en Tucumán, obras como el Jockey Club.


Fuente: Guia de Arquitectura


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